Foto: Marilú Meza
Querétaro, Qro., 4 de octubre de 2026. Más allá del cronómetro y la competencia de alto rendimiento, las calles de la capital queretana se convirtieron en un escenario de fiesta comunitaria durante la celebración del Maratón de Querétaro, donde el entusiasmo de miles de asistentes transformó la jornada en una auténtica suma de generaciones, creatividad y solidaridad.
El recorrido lució repleto de matices: desde atletas que vestían trajes deportivos hasta personas que optaron por conjuntos más ligeros o ingeniosos, portaron desde máscaras de lucha libre e indumentarias temáticas. La participación incluyó a corredores en silla de ruedas, competidores experimentados, debutantes y familias completas con mamás y papás empujando carriolas a lo largo de la ruta.
Durante el tramo previo a la línea de llegada, el ambiente se intensificó gracias a los cientos de espectadores que se apostaron en las aceras equipados con matracas, megáfonos y pancartas. Los vítores no solo estuvieron dirigidos a acompañantes específicos, sino a la totalidad de los atletas que avanzaban rumbo a la meta, incluso en los momentos en que la lluvia se hizo presente sobre el asfalto.
Entre la diversidad de participantes, los jóvenes Pablo Flores y Roberto Hernández, quienes llamaron la atención del público al completar la prueba portando las icónicas gorras aladas de los personajes de videojuegos Mario y Luigi.
Respecto a la experiencia de debutar en la distancia de los 21 kilómetros y la preparación previa, Pablo Flores compartió el sentir tras cruzar el arco de meta.
«Es la primera vez que corremos y nos sentimos emocionados, obviamente. Contentos porque creo que no fue un mal tiempo, y cansados. En el entrenamiento diario, como tres meses antes empezamos a correr un poquito más, en carreras de trail y todo eso. A largo plazo sí un 42 kilómetros, y ya de ahí ver qué sigue».
Por su parte, sobre el desgaste físico en el tramo final y las condiciones climáticas del trayecto, Roberto Hernández relató la motivación que brindó el público y su equipo de entrenamiento.
«Justo cuando ya falta poco para la meta es cuando dices: ‘Ya, ya, ya estoy muy cansado’, pero es una motivación para seguir con la meta ya enfrente. Ayer comentábamos: ‘Nada más falta que llueva’, y justo fue lo que pasó, pero súper bien, creo que también ayudó para que no lo sintiéramos tan pesado. Para el siguiente año un 42 y seguir a lo mejor disminuyendo los tiempos, y a lo mejor en una competencia internacional».
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Marilú Meza / Sociales 3.0











