Desde la época prehispánica las tumbas de los difuntos eran adornadas con flores que le daban color y deliciosos aromas, iluminando y embelleciendo el camino de aquellos que llegan del Mictlán.

Sin duda hay toda una serie de elementos que no pueden faltar en el Altar de Muertos, como un espejo, ya que algunas tradiciones aseguran que es la única manera en la que el difunto puede ver su forma espiritual, velas que iluminan y guían su camino al banquete pero también su regreso al inframundo, sal, azúcar, agua, fruta y su manjar culinario favorito.

Pero un elemento que sin duda  no puede faltar por su simbología es la «flor de veinte pétalos» ó Flor de Cempasúchil originaria de México se ha convertido en un ícono de dicha festividad.

Solamente florece en el otoño para estar listas el día de muertos, se dice que sus cálidos pétalos color amarillo marcan el sendero que deben seguir los difuntos, ya que una leyenda asegura que guardan la luz del sol y delicado aroma para guiarnos hasta el final del camino.

Según datos oficiales cada año en México se cultivan cerca de 7 mil hectáreas también de otras flores de esta temporada como nube, crisantemo y terciopelo, pero el Cempasúchil se sigue posicionando como la favorita, de acuerdo con el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS), se han detectado 30 variedades de esta flor entre las que destacan Tagetes erecta y Tagetes lunulata.

¿Y tú ya compraste tus guías espirituales de veinte pétalos?

Zaira Montoya / Sociales 3.0